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Terra
La Coctelera

Tal vez en amor

Cuando en medio de la alegre fiesta de la Vida, la Cruel Señora anuncia finales nunca deseados, los sueños son el refugio último del amor, que sobrevivirá más allá del tiempo y sus circunstancias.

 

Si nacer se nace cuando nacemos

y morir se muere cuando morimos,

en muriendo vamos cada vez viviendo

y en viviendo dejamos al fin el huerto.

 

Honda melancolía invade al viajero

de la vida que levanta la vista,

y en el horizonte no tan lejano

advierte impasible, el fin esperando

 

Sic transit gloria Mundi, dioses!

cantaban los griegos en tiempos,

a tanta trascendencia no pretendo

pero quién? podría pretenderlo.

 

Si al fin he de morirme sin remedio

querré ser sólo yo quien lo haga,

nunca de mi vida morir quisiera

si ella viva en letras, permaneciera.

 

Sino en letras, siempre ingratas

tal vez en amor, aun siendo sueño,

trascienda su calor de fuego eterno

al frío del cruel Sepulcro enamorado.

Las alas de los sueños

 

Hay versos que hoy son ausencias,

en mi destino de andar y soñar, 

de todos ellos sorbí esa cosa,

que sólo tiembla en mi cantar. 

(Con permiso del gran Poeta Victor Lima)

 

 

Aunque la prudencia me diga:

"deja ya esa Pluma insensato,

que no ha de ser jamás nunca

Poesía, lo que con ella escribas.

 

Aunque la razón siempre presta

a meter narices donde no debe,

ausente de sus deberes siempre

venga a interpelarme sin suerte.

 

Aunque los ríos y mares se sequen

aunque el poder persiga y muerda,

aunque las montañas sean volcanes

no habrá manera, no habrá ninguna.

 

Sólo cortando las alas a los sueños,

podrían ¡malditos sean! intentarlo

inútiles al fin, porque seguiré soñando.

 

Y si al final de Sepulcro visten sus designios,

en blanca flor cada primavera brotará el amor

y en el trino del jilguero en tu hombro, viviremos.

 

CREPÚSCULO MARINO

Mecido por las olas de la Mar anochecida, el rumor de la mar es poesía que despierta

 

  

CUANDO EL FUEGO BUSCA  LECHO

EN LA MAR DE ANOCHECIDA,

LOS OCRES PAREN CREPÚSCULOS

Y LA ISLA GUÍA AL QUE SUEÑA

*

EL SILENCIO ES MÚSICA AZUL

 BLANCAS CUERDAS LAS MANSAS OLAS

PEINA VIOLINES EL AGUA MARINA

EN DULCES, ENAMORADAS MELODÍAS

*

EL SOL ES FARO QUE PARTE

HACIA OTROS AMANECERES

LA PLATEADA LUNA SE YERGUE

PREÑADA DE EMBRUJO SIEMPRE

*

CUANDO EL FUEGO BUSCA LECHO

LA ISLA PARA LOS SUEÑOS ES GUÍA

LAS OLAS SON CUERDA DE VIOLINES

DO SUENAN, ENAMORADAS MELODÍAS.

*

UNA MIRADA INCÓMODA

Relatos de Viernes a la noche para leer en cualquier momento...

Viernes a la noche y planes de salir a cenar y quizá, con un poco de suerte, escuchar algo de música y hasta tal vez, con más suerte aún, bailar un rato. No demasiado, sólo para escaparle a la rutina.

El clima ni se ha enterado que la primavera tiene casi un mes de vida y sigue mandando noches vestidas de nieblas que se cuelan por la piel y reptan por los huesos como las hormigas en la tierra.

Hay que dejar el coche porque volver con unas copas en el torrente sanguíneo puede significar que los zorros de la noche, agazapados a la espera de su presa, te crucifiquen con una suculenta multa y retiro de licencia de conducir. Así entonces, se impone un recorrido de escasos treinta minutos en colectivo, rodeados de la fauna citadina que sale a esas horas de sus madrigueras imantados por las luces de neón.

Un breve paseo por la otrora esplendorosa avenida con nombre de fecha patria y un restaurante muy al estilo media-edad con ambiente intimista que promete buena comida y música en vivo.

La música en vivo falta sin aviso y se convierte en un suave murmullo donde saxos y cuerdas se confunden con choques de copas y risas de fin de semana.

Elegimos mesa en un lugar ligeramente reservado, en donde la charla costumbrista puede fluir sin contratiempos y sin demasiados vecinos dueños de nuestros silencios.

Pedimos nuestros platos luego de una ligera entrada de crocantes y mayonesas, junto con un vino acorde a las expectativas del consumidor y no tanto del atento mozo empeñado en abultar cuentas y propinas.

Nos traen nuestros matambritos de cerdo con puré de manzanas –según el costo se diría debieron comprar el árbol completo para hacerlo- y sin prisa ni pausa nos ocupamos en degustar la apetitosa cena.

Creo es en ese momento que caigo en la cuenta hay algo que me ha comenzado a molestar. Miro en derredor mío con la discreción que indican las buenas costumbres, y veo casi frente a mí –que no a mi señora a quien se le interpone una corpulenta planta- un sujeto que me mira insistentemente. Sin duda es ése el motivo del desasosiego que me ha venido invadiendo imperceptiblemente hasta convertirse en una suerte de oleaje que rompe con fuerza en mi espalda.

Me digo que son cosas mías y trato de concentrar la atención en la charla de mi pareja –en encomiable esfuerzo por captarla- y en la comida que reclama sea debidamente escuchada. Pero me resulta muy difícil, diría imposible.

Vuelvo a mirar hacia mi izquierda y el tipo me mira en el mismo momento que volteo. Otra vez discretamente desvío la mirada y él parece hacer lo mismo. Para mejor -me digo a mí mismo- , si bien no le conozco, algo tiene que me resulta conocido. Tal vez a él le suceda lo mismo.

Terminamos los platos, la música sigue y la charla se diluye con la misma intensidad y frecuencia con que crecen mis miradas hacia la izquierda, y con la misma insistencia el individuo sigue molestándome con repetidas y persistentes miradas, y a riesgo de parecer paranoico, haciendo los mismos gestos que hago yo mismo.

Junto con los cafés que dan fin a la cena, vuelvo a volcar la mirada y el tipo que otra vez pone sus ojos en mí como si no hubiera otra cosa en todo su alrededor para mirar.

Aún sabiendo ello va a provocar el enojo de mi mujer, sin pensarlo más me levanto y arranco raudo y directo a encarar al perseguidor, sin darme cuenta –ciego de rabia como a esa altura estoy- que él hace lo mismo y vamos a un inevitable encuentro. Soy consciente es una situación sumamente desagradable pero simplemente, no lo soporto más.

Es ése el momento en el que doy mi frente contra el maldito espejo, y él y yo con idéntico estrépito, rebotamos hacia atrás trastabillando y al borde de la pérdida de conciencia. Todavía no sé cómo explicarle a mi mujer por qué me dio por encarar el espejo con tanta furia, porque sé que ella no entendería que no pude nunca reconocerme en la imagen que me devolvía. Debo cortarme el cabello y quitarme la barba, de lo contrario me seguirá pasando éstas cosas.

Amanecer en oros y azules

Volviendo a la Poesía, siempre volviendo...

Hoy mis ojos ateridos de insomnio
estallaron extasiados de amanecer,
invadidos por la polícroma sinfonía
de oros y azules, el sol en su nacer.
*
De otro lado otros distintos ojos
mirarían melancólicos esa su partida,
porque para ellos futuros nocturnos
en nívea luna, sus horas habrían de ser.
*
Durante finitas horas su reinado
de luz y vida bañará en el placer,
el de la caricia en las rubias arenas
Y las flores, sonrientes en su renacer.
*
Como en la vida misma será crecer
para luego pasearse en el cénit,
fugaz reinado al punto de subir
con su caída, empieza a fenecer.
*
Cuando al fin se rinda al abrazo
del horizonte en espera paciente,
para fundirse en azules y ocres
lejos otros ojos, le verán amanecer.
*

La bala que mató el Domingo

El domingo sufre ya de los estertores que anuncian su final dando paso a un nuevo lunes de colegios y corridas. La primavera esquiva ha hecho del anochecer, noche cerrada un par de horas antes, por lo que para las veintidós que apenas son, ya es demasiada noche y casi nadie circula por las calles.
La falta del inevitable efectivo para afrontar eventuales gastos menudos en la mañana, me lleva obligadamente al Cajero Automático más próximo, emplazado en la Gasolinera de la esquina más cercana al Condominio donde vivo. Tampoco en la Estación de Servicio hay muchos clientes; apenas dos ó tres coches cargan combustible y los empleados que atienden los surtidores superan a quienes están siendo atendidos por ellos.
Dentro del local, funciona un Autoservicio -pequeño expendio de bebidas y alimentos envasados distribuidos en no más de media docena de refrigeradores e igual número de góndolas - y el propio Cajero Automático en un extremo de él.
Detrás del mostrador, la Caja común para el Autoservicio y el expendio de combustibles, es atendido por una chica joven, a primera vista diría que no más de veintiuno ó quizá veintidós años. Bonita, elegante y simpática. Diría muy bonita, aún en su anodino uniforme color ratón, debajo de la visera de su gorrito, destacan unos grandes ojos color almendra. Su joven rostro denota el cansancio de un turno de domingo que le debe llevar no menos de seis horas y le restarán aún otras dos, para volver a su casa. Es una chica que tal vez aún esté intentando estudiar, pero seguro su origen la ha llevado a trabajar ocho diarias por no más de trescientos dólares al mes, y que de haber contado con un poco de más suerte en la partida, debería estar haciendo suspirar chicos en otro lugar y no detrás de una caja dejando desgajarse su preciosa juventud.
Ingreso al recinto, saludo a la chica y me dirijo al Cajero mientras me quito el sombrero, acatando las normas de seguridad que obligan a descubrir la cabeza con el objeto que las cámaras -Gran Hermano moderno y obligado por la delincuencia- puedan identificar correctamente los rostros de quienes entran al Autoservicio. Dentro sólo un joven a quien apenas alcanzo a ver está tomando unas botellas de Cerveza desde uno de los refrigeradores.
En el escaso minuto que me lleva hacer la extracción de efectivo y cancelar el insistente pitido del Cajero conminándome a retirar la tarjeta so pena de quedarse con ella, entreveo que alguien a quien no llego a identificar entra violentamente y va directamente a la Caja.
Todo sucede en un instante. La voz estentórea y descontrolada del individuo con su cabeza cubierta por una capucha y lentes oscuros -en plena noche- que le exige a la chica la entrega del dinero. Instintivamente me deslizo hacia detrás de la góndola más próxima, mientras los gritos aumentan de volumen y urgencia, y aparentemente el sujeto forcejea con la Caja y la chica para hacerse del dinero. Me tiro al piso y sólo alcanzo a ver por debajo un par de zapatillas deportivas que van y vienen a lo largo del pequeño mostrador, mientras arrecian las amenazas y nadie del exterior parece advertir lo que está pasando.
Es en ese momento que un estampido parece hacer estallar mis oídos y simultáneamente un grito rasga el espacio cargado de violencia desatada. Me levanto y rodeo la góndola que me cubría y en ese momento veo entrar a un empleado desde el exterior a los gritos, mientras se escucha el escape libre de una moto que se da a la fuga.
Entre tanto, detrás del mostrador un ronco quejido delata la ubicación de la chica que yace en el suelo en medio de un charco de sangre. De lo que sigue en el torbellino de los siguientes minutos que parecen horas, poco logro recordar porque me dice el médico que me atiende luego, tuve una pérdida de conciencia propia de un estado de shock.
La chica ha sido trasladada por una Ambulancia que acertaba a pasar por la Avenida próxima y dicen, está fuera de peligro y no tardará en recuperarse. Lo que si tardará es en olvidar ese momento fatal en que un muchacho, quizá menor que ella misma y casi con seguridad bajo los efectos de la droga, sin ninguna necesidad le descerrajó un balazo que le cruzó su hermosa cara desde el pómulo hasta casi la oreja izquierda, profundo surco que le recordará por siempre éste momento maldito, para llevarse con ella - la única bala, artera bala- la belleza pura e inocente de una casi niña que había decidido plantarle cara a la vida por el camino más difícil, el del trabajo. Tuvo suerte, dijeron algunos, pudo haberla matado. Es cierto, pero es mentira. Todo mal es menor si se lo compara con el de la muerte, pero cuesta pensar que quedar marcada de por vida sea una suerte.
Desde ese día hace ya dos semanas -preso de un sentimiento de culpa que no me abandona- he ido a verle diariamente para comprobar cómo ha debido encarar una situación que nunca pensó vivir y que no tiene explicación lógica alguna, diciéndome una y otra vez qué pude haber hecho yo para evitarlo si hubiere tenido los reflejos y la valentía de enfrentarlo. Pero no lo hice. Para la crónica roja es sólo un caso más. Para los responsables, un incidente que será noticia el escaso tiempo en que vuelva a suceder otro similar ó peor que se robe la exclusiva. Para el Estado, incapaz de enfrentar una situación salida de madre, ni siquiera fue noticia porque desde que se declararon derrotados y decretaron la inexistencia de la realidad, estas cosas no pasan y son sólo producto del manejo perverso de la prensa sensacionalista.
Para esa simpática joven, poco importan las estadísticas y explicaciones oficiales. Cada vez que en adelante se mire al espejo recordará que una noche de una primavera tardía y mentirosa, le faltaban apenas dos horas para volver a su casa y poner su cabeza sobre la almohada para intentar sueños que para ella, más que nunca, serán sólo sueños.

MORENA CLARA

Volviendo a la Poesía, que imperiosa me reclama...

Poesía con poesía se paga,
es en la rosa de la mañana
donde mi sedienta mirada,
te ve más hermosa, Morena Clara
*
Y si les miro al atardecer
tus ojos dos gotas de miel
son dos bellos claveles
en un fragante anochecer.
*
Del amor es el dulce aroma
fragante el blanco jazmín,
lecho vestido de pétalos por ti
-de almohada rosas de pitiminí-
-de sábanas, capullos de alhelí-
y en todas las flores
del mundo, podré ver
de mi Morena clara,
en su amada boca
el aroma y gusto
del rojo carmín,
impregnados de ti
mis sueños preñados
de amor sin fin.
*
Poesía con Poesía se paga,
si abre una Rosa la mañana,
y si en su mirada ves una sonrisa,
y en sus labios la felicidad dibujada,
deposita en su boca con un beso
la miel acumulada;
más luego pega la vuelta y anda,
vete sin decir, ya más nada
que del amor sabe Samara
oh Princesa, Morena clara
*

De Poesía y muerte...

De cuando la angustia del poeta deviene en reflexión metafísica

Enfermedades hay que minan el cuerpo,
otras -peores- existen que arrasan la mente,
más ninguna terrible como la propia Poesía:
perder su gracia será la misma Muerte.
*
Hay cuerpos que han probado
que vivir se vive, aún sin alimento,
que padecer hambre es posible,
más sin escribir, ¿cómo hacerlo?
*
Se dice el hombre a todo se acostumbra,
a miles de metros en altura, sin aire se vive,
como los cactos, en el caldero del infierno,
más cómo vivir sin el manantial del intelecto?
*
Más aún, han intentando convencerme,
se puede vivir sin amor, no sé cuánto tiempo,
pero que alguien me explique, -porque yo no puedo-
¡cómo vivir en la tundra eterna, del que amar no puede!
*
Ninguna enfermedad como la Poesía,
ninguna tan magnífica como exigente,
tenerla, es regalo del cielo!
perderla, ¡peor la propia Muerte!
*